ALEMANIA HACE JUSTICIA

La decisión alemana también es una oportunidad, especialmente para el Gobierno. De momento, los ministros se ofenden y la vicepresidenta Sáenz de Santamaría habla de ganar una guerra… ¡Qué lejos estamos todavía de iniciar el camino de la solución democrática que nuestras sociedades exigen y necesitan!

La decisión de la Audiencia Territorial de Schleswig-Holstein de descartar la extradición del president Puigdemont por la acusación de rebelión desmonta la principal línea argumental del proceso penal que desde el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional se sigue contra los principales líderes del movimiento soberanista catalán. Las razones de los jueces alemanes, de estricto orden legal, descartan que lo acontecido en Catalunya durante el pasado mes de octubre sea objeto del reproche penal equiparable al delito de “alta traición”, que sería la figura del Código Penal germano que se compara con el delito de rebelión español.

Los magistrados alemanes desechan la existencia de violencia en los términos de la jurisprudencia constitucional alemana, que en ambos casos se exige para que concurran los tipos penales. El varapalo judicial es enorme, pero también lo es en términos políticos. La falacia de la violencia y la rebelión, que justifican las injustas prisiones preventivas que castigan de manera desproporcionada e injustificable a Oriol Junqueras y el resto de dirigentes independentistas, se desmorona y con ello un determinado relato que se pretende imponer para deslegitimar, en términos políticos, las pretensiones democráticas de las instituciones y la sociedad  catalanas.

A ello, además, le debemos añadir que la justicia alemana, pero asimismo  la de Bélgica y la de Escocia, donde también se está tramitando la euroorden dictada por el juez Llarena sobre otras personas que han buscado refugio fuera del Estado español, han desechado imponer la prisión como medida cautelar para garantizar el cumplimiento de la petición de extradición. Otro varapalo para el sistema judicial español y otra razón, una más si cabe, para entender la extensión del sentimiento ampliamente compartido en Catalunya de que más que practicar justicia se practica la venganza en España.

Las reacciones de algunos miembros del Ejecutivo  y de algunos dirigentes del PP, irritados por la decisión alemana, expresan también la impotencia de un Gobierno que constata como toda su estrategia de fiar a la respuesta penal la superación de la gravísima crisis institucional que vive España, fracasa. Y es que nunca una cuestión política y democrática, sustentada de manera reiterada por millones de personas pacíficas y cívicas durante años, ha encontrado en la represión penal la solución. Todo lo contrario. Veremos qué sucede durante los próximos meses, pero sería muy iluso pensar que unas sentencias condenatorias y duras vayan a resolver nada. Todo lo contrario.

Estas últimas semanas Felipe González ha afirmado que el error de Rajoy  ha sido confiar en el gobierno de los jueces. Es cierto. Y añade que esa opción es la expresión de fracaso de la política. Y terminaba afirmando que “Una vez que hemos entregado la responsabilidad judicializando la política a los jueces, de vuelta recibimos la politización inevitable de la Justicia”. Ciertamente. El gobierno de los jueces es la opción más antipolítica posible para afrontar un reto de primera magnitud. Y haber puesto a los jueces al frente de la reacción del Estado al movimiento soberanista catalán es el peor favor que se le podía hacer al sistema judicial, que hoy está en el centro del huracán desatado en Catalunya.

La decisión alemana también es una oportunidad, especialmente para el Gobierno. Abre un posible camino para la rectificación imprescindible. De volver a la política. De promover el diálogo. De buscar el acuerdo. De entender que esta crisis va de reconocimiento, democracia y derechos y libertades. De momento, los ministros se ofenden con quienes lucimos lazos amarillos como expresión de solidaridad, protesta por el encarcelamiento de personas inocentes, y la vicepresidenta habla de ganar una guerra… ¡Qué lejos estamos todavía de iniciar el camino de la solución democrática que nuestras sociedades exigen y necesitan!

 

Publicat originalment a El Siglo de Europa

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