CATALUNYA HABRÁ GANADO

Las heridas provocadas por el Gobierno son profundas. En cualquier escenario de futuro, el mal hecho es enorme y tardará en cicatrizar

Cuando escribo estas líneas no sabemos exactamente qué habrá ocurrido durante la jornada del 1 de Octubre. Sabemos aquello que deseamos la inmensa mayoría de los catalanes: que los ciudadanos hayan podido acudir a votar en paz y tranquilidad, para a ejercer su derecho a decidir de manera colectiva sobre el futuro político de Catalunya. Pero ciertamente las votaciones del 1 de Octubre seguramente no se habrán efectuado con la normalidad que la mayoría deseamos. El Gobierno de España decidió hace mucho tiempo que ante el reto democrático que le planteaba la sociedad catalana, la única respuesta posible estaba en el Código Penal y en la represión judicial, en la intervención del autogobierno de Catalunya para intentar atar de pies y manos a las instituciones de la Generalitat. Es la antipolítica, es el pasado de la política.

Durante estos 15 días que han transcurrido entre la aprobación de las denominadas leyes de desconexión y la votación del 1 de Octubre, el Gobierno de Rajoy optó por ser más Turquía que el Reino Unido. Durante estas jornadas se han vulnerado derechos fundamentales de los ciudadanos, tales como la libertad de expresión, el derecho de reunión, la libertad de pensamiento o el secreto postal. Se ha ejercido la censura en Internet, cerrando cientos de páginas web. Se han detenido 14 servidores públicos de la Generalitat. Y la Fiscalía ha amenazado a más del 80% de los alcaldes catalanes por expresar la intención de colaborar con el referéndum del 1 de Octubre. Se han intervenido las cuentas públicas de la Generalitat, provocando un verdadero caos y un enorme desasosiego en todos los ámbitos de la sociedad, tales como la cultura, el deporte, las políticas de vivienda, la investigación y el desarrollo… Que hoy tienen las cuentas bancarias bloqueadas. Se ha pretendido que los Mossos sean dirigidos por funcionarios del Ministerio del Interior, contraviniendo las previsiones  del Estatuto de Autonomía. Y toda esta antipolítica se ha efectuado con el voto en contra del Congreso al aval del Gobierno que había planteado Ciudadanos hace unos días y sin ninguna cobertura legal alguna. Y, sobre todo, esta antipolítica pretende en última instancia asustar y humillar a los ciudadanos catalanes y a sus instituciones. Las heridas provocadas por el Gobierno son profundas. En cualquier escenario de futuro, el mal hecho es enorme y tardará en cicatrizar. La irresponsabilidad de Rajoy es colosal. Lo fue cuando se impuso el objetivo de quebrar el pacto constitucional del Estatut de 2006, aprobado en las Cortes y aprobado en referéndum y lo sigue siendo cuando niega la democracia de las urnas y tergiversa en España lo que está pasando en Catalunya. Son elocuentes las imágenes de la Policía Nacional dirigiéndose hacia Catalunya acompañadas de discursos del odio, condensado en la expresión “a por ellos” que se difunden por la Red. El Gobierno ha renunciado a tratar a los catalanes como ciudadanos. Ha optado por tratarnos como súbditos.

Ante estos gravísimos acontecimientos, la ciudadanía catalana ha respondido como nación. La nación se ha levantado y ha dicho no. De manera pacífica, cívica, masiva, transversal, interclasista y superando barreras partidistas o ideológicas. La acción del Gobierno español hace que hoy los ciudadanos catalanes se sientan más nación que  nunca y que los lazos de fraternidad y solidaridad que nos unen como compatriotas hayan salido reforzados. Desde CC OO y UGT hasta las patronales; desde los palcos del Liceo a los estibadores; desde los intelectuales a las asociaciones  de vecinos, la nación catalana ha dicho no a la vulneración de sus más elementales derechos y  a la voluntad de votar en referéndum.
Y, por todo, con independencia de aquello que haya pasado durante la jornada del 1 de Octubre, Catalunya ya ha ganado. La política, la participación se impone a la antipolítica y a la represión. Nos querían humillados y de rodillas y continuamos tozudamente en pie.

Lo que tocaría a partir de ahora es que esta política que ha estado ausente desde 2010 volviese.

Publicat originalment a El Siglo de Europa

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