¿EL EMPLEO CREADO ES Y SERÁ DE CALIDAD?

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La tendencia en la recuperación del empleo parece consolidarse, después de los últimos datos publicados sobre paro registrado y afiliación a la Seguridad Social. Sin lugar a dudas, es una buena noticia pero no debemos bajar la guardia.

Hay cuestiones que siguen requiriendo máxima atención: ¿la intensidad y la velocidad de la recuperación nos permitirán situarnos en un nivel de desempleo propio de una economía avanzada, en un tiempo razonable en términos sociales? ¿El empleo creado es y será de calidad? Ambos asuntos reclaman, a mi entender, otras políticas, distintas a las que hasta ahora han promovido y aplicado Bruselas y Madrid para que la respuesta no continúe siendo no.

 

Los que peor lo tienen: jóvenes y mayores

El horizonte se mantiene incierto, especialmente para los más jóvenes y los más maduros, con tasas de desempleo de verdadero escándalo en el primer caso, y con un margen vital escaso en el otro. El paro continúa siendo el gran reto económico, social y político sobre el cual la sociedad reclama respuestas urgentes y poderosas, puesto que de no intervenir la recuperación del empleo apunta modesta y lenta, además de precaria.
Es cierto que no existen recetas mágicas, y que parte de la respuesta tiene que ver con una orientación macroeconómica que sepa combinar políticas que estimulen la demanda y políticas que mejoren la oferta de bienes y servicios. Vamos a ver si en el nivel comunitario algunos de los anuncios de la nueva Comisión permiten un despegue de la inversión que estimule un crecimiento robusto orientado al empleo y si se avanza en algunas decisiones claves para mejorar el mercado interno, como las interconexiones en materia enérgica. Ahora bien, desde la estricta política de empleo, que fundamentalmente depende del Gobierno español, pueden y deben de tomarse nuevas medidas.

 

El problema de la temporalidad

Existe una cuestión que, a nuestro entender, es clave. El reto de la dualidad del mercado de trabajo sigue pendiente. Los cambios relevantes, sin lugar a duda, introducidos en la última reforma laboral parece que no consiguen revertir la tendencia del mercado de trabajo español de crear más empleo temporal del que la estructura productiva debería requerir. La excesiva temporalidad que padecen especialmente los jóvenes y algunos no tan jóvenes, y que probablemente responde a una estrategia empresarial de reducción de costes o de rebaja de las incertidumbres sobre el futuro coste del despido, indica que continúan existiendo algunas disfunciones en la regulación de las relaciones laborales.
Es evidente que esos problemas necesitan ser solventados para generar mayor confianza y seguridad a empleadores y empleados, y para promover un crecimiento más a largo plazo, sano y repartido. Al mismo tiempo, se necesita trabajar a fondo en un cambio profundo en el comportamiento de muchos de los profesionales que asesoran a las pequeñas y medianas empresas para apostar por el empleo indefinido, para convertirlo en una estrategia que permita mejorar la competitividad por la vía de la formación y la implicación de los trabajadores en los proyectos empresariales.

 

Así es el modelo de despido austriaco

Pero quizás para superar o mitigar la dualidad del mercado de trabajo debamos ser más ambiciosos, audaces e imaginativos de lo que hasta ahora hemos sido capaces. En ese sentido, apostar por trasladar al marco legal existente, un nuevo modelo de indemnización del despido, en la línea de la regulación existente en Austria y también en cierta medida en Italia, desde 2003, y que se planteó en la reforma laboral promovida por el Gobierno socialista durante la pasada legislatura, nos parece imprescindible.
En esencia, en Austria con la creación de un fondo de capitalización de la indemnización del despido se trató de articular un mercado de trabajo más abierto y flexible para las empresas. Se dio certeza sobre los costes del despido y se facilitó la superación de los graves problemas de liquidez a los que deban hacer frente las compañías cuando pretenden poner fin a la relación laboral con un trabajador que cuenta con un largo periodo de permanencia en la empresa. Pero al mismo tiempo, se aseguraba al trabajador la percepción de la correspondiente indemnización.
Se garantizaba que con el cambio de empleo, voluntario o forzoso, el trabajador no perdiese los beneficios acumulados a lo largo de su carrera laboral, en la medida que el fondo de capitalización de su despido era acumulable y trasladable a otra empresa, hasta el día de su jubilación, pudiéndose convertir en un complemento de su jubilación.
En Austria, la reforma que materializó e implementó el citado fondo fue fruto de un acuerdo entre los interlocutores sociales que posteriormente el gobierno y el parlamento convirtieron en ley. Y a lo anterior cabe añadir que en Austria, los servicios públicos de empleo y las políticas de formación, acompañamiento, orientación y reinserción de los desempleados están bien dotados, son personalizadas y han demostrado ser altamente eficaces. Ya no digamos su sistema de formación profesional dual o los servicios de orientación laboral para los estudiantes. Incrementar pues sustancialmente los recursos de las políticas activas de empleo parece imprescindible en el caso español. Qué lejos de nuestra realidad. Y cuánto trabajo pendiente.

 

Publicat originalment a ElEconomista

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