EL REFERÉNDUM COMO SOLUCIÓN DEMOCRÁTICA

La solución preferida y mayoritaria a la cuestión sobre cual debe ser la relación entre Catalunya y España es la celebración de un referéndum o consulta que permita dilucidar democráticamente el correspondiente dilema. Se trata  de una solución que encuentra en Catalunya un amplísimo, transversal, sólido y continuado apoyo. Hagamos un somero repaso de las fuerzas sociales y políticas que sostienen dicha demanda. En términos demoscópicos, todas las encuestas, públicas y privadas, apuntan un soporte en Catalunya superior al 80% a la celebración del referéndum. Políticamente la mayoría parlamentaria, que va de la CUP a la alianza que conforman los partidos agrupados en el entorno de Colau, Podemos e ICV, pasando por ERC y el Partit Demòcrata (PDECAT) sustenta desde hace tiempo esa misma demanda. Este bloque de partidos conforma una amplísima mayoría en el Parlament y la mayoría absoluta de la delegación catalana en las Cortes. Incluso, el PSCPSOE, cuando era liderado por Pere Navarro, defendió también la solución de un referéndum acordado. Después las cosas se complicaron entre el PSC y el PSOE. Y socialmente, el apoyo al referéndum suma voluntades y sensibilidades bien distintas. Las entidades que conforman hoy el Pacto Nacional por el Referéndum rompen cualquier límite previsible. Desde las organizaciones sindicales hegemónicas como CC OO, UGT y la Unió de Pagesos, sindicato ampliamente mayoritario en el campo catalán, hasta las potentes patronales de las pequeñas y medianas empresas como PIMEC y la CECOT, pasando por la representación del Tercer Sector Social, el Consejo de la Juventud (CNJC) o la robusta federación de asociaciones de personas mayores FATEC, conforman, entre otras muchas y sólo por citar algunas, la plataforma que supone este pacto. La pluralidad social, pues, es enorme. No se trata de una propuesta ni sólo del Gobierno actual, o de una mayoría parlamentaria ideológica, o de una reivindicación que no cuente con apoyos en la sociedad. Todo lo contrario. Se trata de una realidad bien viva, arraigada y que ha llegado para quedarse.

Pero además ese bloque transversal continúa abierto al diálogo y al acuerdo en relación al referéndum con las instituciones  españolas, desde la convicción  que el actual marco jurídico español permite ese referéndum y que el  derecho debe servir para encontrar soluciones democráticas a los retos políticos y no crear problemas o agravarlos.

La pluralidad social a favor del referéndum es enorme. No se trata de una propuesta sólo del Gobierno actual, o de una mayoría parlamentaria ideológica. Se trata de una realidad bien viva, arraigada y que ha llegado para quedarse

Ésa es la fuerza en la se sustentan las iniciativas que estas semanas en Catalunya se han puesto en marcha en favor del referéndum. Así, el president Puigdemont  ha presentado en Bruselas las líneas maestras de dicha propuesta, indicando y reforzando el compromiso europeísta del planteamiento catalán y apelando a la mejor tradición democrática que se fundamenta en el derecho a la autodeterminación de los pueblos, del que bebe el derecho a decidir. Y se aspira a encontrar en el conjunto de España personas, movimiento y entidades que apoyen la aspiración catalana. Estamos convencidos de que un demócrata sincero no puede encontrar sino razones para apoyar la celebración de un referéndum acordado sobre el futuro político de Catalunya. De hecho, la idea de que los catalanes puedan decidir va ganando adeptos en España, especialmente entre las generaciones más jóvenes, pero también entre viejos luchadores antifranquistas. Es realmente difícil que un demócrata pueda negar la legitimad de un referéndum en un sistema democrático. Tan sólo quien no tiene una propuesta inclusiva, atractiva y sólida sobre las relaciones entre Catalunya y España puede temer a la libre decisión de los catalanes.

Vamos, pues, a defender con convicción durante los próximos meses que el referéndum y la democracia son la respuesta a nuestros anhelos de libertad y que el acuerdo es posible y necesario. Somos amos de nuestro destino.

Publicat originalment a El Siglo de Europa

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