Espero que el Gobierno no agrave más la situación

Barcelona y Madrid son los principales escenarios de este tenso pulso que se vive por el 1-O. Y entre las dos ciudades vive y desarrolla su actividad política Carles Campuzano. Es el portavoz del PDeCAT en el Congreso de los Diputados desde la inhabilitación de Francesc Homs. Una de las principales voces del independentismo en el Hemiciclo.

Son días trepidantes, largos, cansados, casi eternos. Desde su despacho en el Congreso de los Diputados se divisa la icónica Carrera de San Jerónimo, a escasos metros de la Puerta del Sol, el centro del centro. Habla de la magnitud de la crisis institucional que se vive, justifica la decisión del Parlament en el fracaso de la política en relación al tema catalán en los últimos años y cree que se puede pactar una consulta. Y deja claro que cree que viviría mejor en una Cataluña independiente.

¿Habrá urnas el 1-O?

El compromiso del Gobierno, la ley aprobada por el Parlament y el decreto firmado pretenden precisamente que haya urnas. Además, está el compromiso de más de 800 ayuntamientos y en esta Diada hubo de nuevo una demostración en Barcelona pacífica y festiva expresando esa voluntad.

Quedan menos de tres semanas, ¿dónde están las urnas?

Las debe tener, supongo, el Govern. Lo importante es el compromiso legal de la ley aprobada por el Parlament. Lo que no deja de ser un punto ridículo en democracia en el siglo XXI en la UE es que la Guardia Civil esté buscando las urnas. Lo normal sería que el Estado dejase votar el 1-O y que los contrarios a la independencia diesen las razones por las que creen que es una mala respuesta.

¿Reconoce la legitimidad del Tribunal Constitucional?

En palabras de Miquel Roca, el Constitucional perdió su legitimidad política en Cataluña con la sentencia de junio de 2010 que limitó el Estatuto y rompió con el pacto constitucional. Hay que recordar las condiciones en las que se hizo, con magistrados recusados y en funciones. El Tribunal Constitucional, en términos de legitimidad política, lleva al menos siete años muy tocado en relación a Cataluña.

¿Van a seguir adelante a pesar de que el Constitucional haya suspendido las leyes de referéndum y de transitoriedad, la Sindicatura Electoral y el decreto de convocatoria?

Es evidente que la gravedad de la crisis institucional que vivimos se refleja en esa decisión que han tomado el Parlament, el Govern y ese paquete de municipios y sectores muy amplios de la sociedad catalana de continuar con el proceso y obedeciendo a las leyes que emanan del Parlament. Fruto de no haber hecho política en estos últimos siete años estamos ante una crisis institucional de primera magnitud.

¿Están dispuestos a desobedecer al Constitucional?

Estamos dispuestos a obedecer a la ciudadanía de Cataluña. El no haber tomado las decisiones que tocaban, haber judicializado la cuestión catalana y haber puesto en marcha una operación de desprestigio ha llevado a una situación límite, que estoy seguro que a la mayoría no nos gusta. Nos hubiese gustado a la mayoría que, frente a las demandas catalanas, se hubiesen resuelto las cuestiones como hicieron los gobiernos de Londres y de Edimburgo o de Montreal y Ottawa. Lo que es sorprendente es que durante estos siete años la política no haya llegado. Nadie en Madrid puede extrañarse de lo que está sucediendo estos días en Cataluña porque es la crónica de un conflicto institucional más que anunciado.

Estamos dispuestos a obedecer a la ciudadanía de Cataluña

¿Pero qué ley rige hoy en Cataluña?

Rigen las leyes que se han aprobado del Estatuto de Cataluña, las aprobadas por las Cortes Generales y la ley que prevé organizar un referéndum el 1-O.

Pero esa ley ya está suspendida por el Tribunal Constitucional…

El problema político que tenemos es que el Parlament, el Govern y una parte, vamos a ver si mayoritaria, de la sociedad catalana han decidido aplicar esa ley. Hay que ser conscientes de ese problema político, y eso con jueces y guardias civiles no se va resolver.

¿Cree que el Gobierno aplicará el artículo 155?

Espero que el Gobierno no agrave más la situación y que sea capaz de escuchar a los ciudadanos de Cataluña. Insistir en las mismas políticas que el Gobierno viene efectuando en los últimos años agrava la dificultad para encontrar una salida acordada y pactada. No puede ser que en democracia no haya alternativa al acuerdo y el pacto.

¿Y la otra cara, el resto de ciudadanos -millones en Cataluña- que ven que se está incumpliendo la Constitución votada, también por los catalanes?

Respeto a los siete millones y medio de ciudadanos, cinco millones mayores de 18 años, que tienen todo el derecho a opinar, criticar y defender ideas y valores distintos que los míos. Pero me parece farisaico que haya partidos políticos que se hayan negado a pactar un referéndum y hoy se indignen y se nieguen a reconocer lo que hizo el Parlament. Lo que el Parlament hizo hace algunos días es la expresión del máximo fracaso que puede tener la política, que frente al conflicto es incapaz de alcanzar un acuerdo. Siempre tiene mayor responsabilidad quien tiene mayor poder. La mejor defensa que harían los partidos contrarios al referéndum de los derechos de sus ciudadanos es darles argumentos para que vayan a votar el 1-O en contra de la independencia. Eso es lo que se hizo en Canadá.

No se va a resolver el problema con jueces y guardias civiles

¿Qué le parece crear un país a raíz de una ley aprobada de madrugada y que no se lleva ni siquiera al Consell de Garantías, órgano creado en virtud del Estatut?

El país, por suerte, lleva muchos años creado. El país lleva cientos de años presente. Lo que se hizo el otro día fue, ante un conflicto político, dar un nuevo paso. Lo que me gustaría era haberlo hecho como en el Reino Unido pactándolo o consintiéndolo como en Canadá.

Pero ni siquiera el presidente, Carles Puigdemont, ha traído una reforma constitucional al Congreso, donde usted es el portavoz.

Hemos visto más que eso, hemos visto en 2006 una propuesta de Estatuto de Autonomía con un pacto que luego el Constitucional se cargó. Después, hubo una promesa de desarrollo por leyes orgánicas que no se produjo. Luego vimos una petición de Artur Mas de pacto fiscal que tampoco se escuchó y en 2013 una delegación del Parlament presentó en el Congreso una propuesta para transferir las competencias para una consulta. Después vivimos una legislación catalana para favorecer una consulta el 9-N, que se suspendió. Más tarde, fue el 9-N, donde más de dos millones de personas fueron a votar y acabó con la inhabilitación de Mas y la expulsión de Francesc Homs del Congreso. Oiga, es que desde 2010 Cataluña está hablando. Las únicas respuestas que ha dado el Gobierno han sido querellas, impugnaciones, amenazas.

AMAYA VILLAR

¿Esto es un golpe de Estado?

Los dos únicos golpes de Estado que conozco son el 23-F, que los golpistas hicieron entre otras razones por la unidad de España y en contra de las autonomías, y el de Franco del 18 de julio, que también se hizo en nombre de la unidad de España. Cuando alguien ve lo que ha sucedido en las calles de Barcelona, con cientos de miles de familias de todo tipo expresando de manera cívica el derecho a votar, es muy evidente que ante lo que estamos es un golpe de democracia.

Hablaba de querellas, tenemos ya varias en los tribunales. La presentada por la Fiscalía contra Puigdemont y su Govern incluye el delito de malversación, que puede llevar penas de cárcel. ¿Veremos inhabilitado al president? ¿Podremos verlo en la cárcel?

Encuentro tan alucinantes las preguntas, no porque usted me las formule sino por las circunstancias en las que estamos. Reitero que ante un conflicto de la magnitud en la que estamos nunca en la historia de un país la respuesta ha estado en los jueces o en los tribunales, está en la política. Y la política en este caso tiene que ver con dos cuestiones: la voluntad de escuchar y entender lo que pretende la mayoría de la sociedad catalana y encontrar la vía de encauzarla por la vía democrática. Cualquier otro escenario me parece impropio de una sociedad avanzada del siglo XXI.

¿Y cuál es la solución?

Escuchar a la gente, permitir que los catalanes voten y ser capaces de ofrecer una propuesta que convenza a una mayoría. Por parte de Cs, del PP y del PSC tienen que tener el valor de contar cuál es su idea del futuro de Cataluña y si es buena, quizá obtengan el apoyo de los catalanes. Esa es la democracia.

Preocupa que se puedan producir durante estas semanas algunos altercados o incidentes. ¿Descarta episodios de violencia?

La Diada fue la expresión de un pueblo pacífico, con pancartas en las que reclamábamos paz. El pueblo catalán ha optado por una senda pacifista para exigir el reconocimiento de sus derechos.

Sobre la mesa está también el papel de los Mossos. La Fiscalía los ha citado este martes y les ha dicho que deben retirar las urnas y no colaborar con el referéndum. ¿A quién van a obedecer durante el 1-O?

Sería necesario que nadie politice los Mossos y que nadie intente utilizarlos. Cumplirán ese día con las funciones que tengan encomendadas, y la principal es garantizar la seguridad de los ciudadanos. Estoy convencido de que todos, incluido el fiscal, van a priorizar la protección de los ciudadanos y cumplirán con las leyes.

Es necesario que nadie intente utilizar a los Mossos

Pero si ustedes el 1-O ponen urnas y la Fiscalía ha ordenado que los Mossos las retiren, ¿veremos esa imagen de los Mossos llevándose las urnas?

Estoy seguro de que los veremos, como siempre, protegiendo a los ciudadanos y garantizando la seguridad.

¿Entonces veremos a guardias civiles quitando las urnas?

Dudo mucho que nadie sea suficientemente irresponsable para creer que la manera de resolver el 1-O es con el uso de la Guardia Civil. Eso es más propio de Turquía que de un país de la UE.

¿Qué escenario dibuja el 1-O de 2018?

En función de lo que pase el 1 de octubre. Si ese día hay una participación masiva apoyando la independencia, quizá el año que viene estemos cerrando las negociaciones con el Gobierno del Estado.

Y si se celebra al final el 1-O y gana el ‘sí’, ¿qué pasa el día 2?

Pues que la gente irá a trabajar, después de haber celebrado los que estén contentos su victoria, y los otros no tanto. Van a seguir funcionando, por suerte, las administraciones públicas, las fábricas, las oficinas y las tiendas. La normalidad continuará.

AMAYA VILLAR

¿Cómo garantizan a los funcionarios que no van a perder su trabajo y no van a ser inhabilitados cuando ya el Constitucional ha suspendido esas normas?

Está muy claro. De momento, no hay ningún funcionario que esté amenazado por parte del Estado. Se está amenazando a responsables políticos.

En la ofrenda floral de la Diada, la alcaldesa de L’Hospitalet, Núria Marín, le dijo que a Puigdemont que dejara tranquilos a los alcaldes. Han trasladado toda la presión a los consistorios y han pedido a los ciudadanos que reclamen a sus regidores que pongan locales.

Al mismo tiempo hemos garantizado que en aquellos ayuntamientos donde se diga que no la Generalitat asumirá esas responsabilidades. En paralelo, hay cientos de alcaldes que han dicho que sí.

La joya de la corona es Barcelona. El éxito o el fracaso del 1-O dependerá de lo que pase en la capital. Por el momento, Colau está en una posición ambigua y ha pedido a la Generalitat que le diga cómo puede hacerlo sin poner en peligro la institución. ¿Cree que cederá los locales? ¿Le ha llegado alguna información? ¿Está ganando tiempo?

Tengo la confianza en que finalmente Colau sea coherente con su trayectoria política y haga posible que los ciudadanos de Barcelona puedan participar de la manera más normal posible en esa jornada del 1-O.

Usted es el hombre fuerte del PDeCAT en Madrid, apela constantemente de diálogo. ¿Con quién habla del Gobierno y cómo lo tratan? Imagino que en esta situación de crisis institucional habrá una interlocución.

Uno de los problemas que tenemos es que hay poca interlocución.

¿Nadie del Gobierno o del PP ha intentado hablar con usted?

El Gobierno no ha asumido con todas sus consecuencias lo que el momento exige.

¿Será voluntario el 1-O?

Seguramente sí. Los diputados no hemos decidido aún el papel que vamos a jugar, pero yo presidí una mesa el 9-N.

¿Ha recibido ya la tarjeta censal?

No.

¿Y da garantías a un referéndum en el que no hay ni censo todavía?

El sorteo empieza estos días.

¿Pero para usted el 1-O tiene todas las garantías?

Aspiro a eso, y mi deseo es ese.

Pues quedan pocos días…

Quedan pocos días, pero van a ser largos.

Aunque todos estén enquistados en sus posiciones, imagino que serán unos días duros, tensos. ¿Cómo lo está viviendo?

No es la situación ideal, hubiese deseado una salida a la británica.

¿Y cómo ve la actuación de Rajoy?

No lo veo, está en la actitud de Don Tancredo, que es lo que explica esta situación.

¿Cree que viviría mejor en una Cataluña independiente que con el resto de España?

Sobre todo, si queremos tener un Estado propio, es porque aspiramos a tener una sociedad mejor, más decente, más libre, más próspera y más igualitaria.

Publicat originalment a El Huffington Post

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