HABLA, PUEBLO, HABLA

No fue Catalunya, sino España la que rompió el pacto constitucional en 2010 con la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatut de 2006.

“Habla, pueblo, habla” rezaba la icónica canción cantada por Jarcha, con la que Adolfo Suárez acompañó la campaña del referéndum para la reforma política de 1976. Y el pueblo habló y se avaló el inicio del desmontaje del Régimen. Luego llegaron las elecciones constituyentes de 1977 y el resto de la historia que, poco o mucho, ya conocemos. La clave, claro, estuvo en dar la palabra al pueblo. El pueblo fue soberano y acompañó a Suárez en 1976, pero también dio fuerza a la oposición antifranquista de socialistas, comunistas y nacionalistas catalanes y vascos en junio de 1977.

40 años más tarde hay miedo para que el pueblo catalán hable. Por tierra, mar y aire el Gobierno de España, los principales partidos de la oposición y la mayoría de los grandes medios de comunicación  se han conjurado y han concentrado sus energías en intentar impedir que el pueblo catalán pueda hablar en un referéndum. En lugar de intentar buscar una propuesta acordada con las instituciones catalanas para permitir dar la voz al pueblo, ahora se trata de impedir que el pueblo hable. Se alude al principio legal y a la defensa de la soberanía del conjunto del pueblo español y se obvia que el principio democrático sea el fundamento de la ley, y que no fue Catalunya, sino España quien rompió el pacto constitucional en 2010 con la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatut de 2006.

La Constitución de 1978 permitía el reconocimiento nacional de Catalunya, la bilateralidad de las relaciones entre las instituciones del Estado y la Generalitat, la asimetría en el reparto competencial y un nivel de soberanía compartida elevado. Fue un pacto que el pueblo catalán ratificó en sendos referéndums durante 1978 y 1979, convencido de que el Estatut y la Constitución iban a permitir reconstruir y modernizar el país por la vía de un autogobierno robusto y eficaz basándose en las preferencias de la sociedad catalana en materia social y económica. No se trataba de aspirar a una mera descentralización administrativa, sino en gozar de una verdadera capacidad de decisión para diseñar e implementar políticas propias. El pueblo habló y confió en aquellas leyes que representaban el pacto y ofrecían una esperanza para construir un futuro mejor. Aquel pacto constitucional fue completado 27 años más tarde  con un nuevo Pacto, el del Estatut de 2006, impulsado por el Parlament, modificado y aprobado por las Cortes y refrendado por los ciudadanos. Reconocía que la última palabra sobre el autogobierno de Catalunya no estaba en manos de las Cortes Generales sino que  era  una  decisión soberana del pueblo de Catalunya. La Sentencia contra el Estatut rompió el Pacto y modificó la Constitución.

Es muy evidente que ahora estamos en otro escenario, pero el pueblo, en base al principio democrático, debe hablar. No hay que tener miedo a que el pueblo de Catalunya decida. Como no se tuvo hace 40 años. En lugar de empecinarse en negar la capacidad y la posibilidad de decidir, se debería ofrecer, por aquellos que son contrarios a la independencia, una propuesta alternativa, que convenciese a la mayoría de los catalanes. Y en cualquier caso la mejor opción que tiene el Gobierno español es dejar que transcurra con normalidad democrática la jornada del 1 de octubre. Dejar que la voz del pueblo se escuche y en función de los resultados abrir la correspondiente negociación con las instituciones catalanas para implantar el resultado. Y para el conjunto de las fuerzas sociales y políticas presentes en Catalunya el reto democrático no es otro que hacer campaña en defensa de sus legítimas opciones; aquellos que defienden el , dar razones y convencer; aquellos que defienden el no, dar razones y convencer.

La canción de Jarcha proclamaba “Habla sin temor no dejes que nadie apague tu voz; habla, pueblo, habla, este es el momento. No escuches a quien diga que guardes silencio. Habla, pueblo, habla. Habla, pueblo, sí, no dejes que nadie decida por ti.”

Pues eso.

Publicat originalment a El Siglo de Europa.

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