LA MEJOR OFERTA ES LA DEMOCRÁTICA

Hace unos días el president Carles Puigdemont reiteró la oferta a las instituciones del Estado de acordar las condiciones y las particularidades de una consulta sobre el futuro político de Catalunya. No es nada nuevo. De hecho, el president Mas, en distintas ocasiones, formuló una oferta parecida. Ahora Puigdemont todavía ha sido más explícito. Todo puede pactarse: la pregunta que hay que plantear a los ciudadanos, la fecha de celebración, las mayorías exigibles para un resultado vinculante políticamente, las consecuencias políticas legales del  resultado, las condiciones para una nueva consulta en el futuro… No es una oferta política ni menor ni de puro trámite. Es, de nuevo, la reiteración de algunas ideas y conceptos que han determinado el carácter democrático y la vocación pactista de la sociedad catalana y su demanda de ejercer su derecho a decidir.

Efectivamente, la mejor fórmula, sin lugar a dudas, para encauzar el conflicto político abierto durante estos años es alcanzar un acuerdo que permita a los catalanes votar sobre el futuro político de Catalunya. Las experiencias de Estados democráticos avanzados y respetuosos con su pluralidad nacional como el Reino Unido y Canadá apuntan de manera muy cristalina que es posible canalizar de manera razonable los conflictos como éste que lleva enquistado más de cinco años. Británicos y canadienses nos han demostrado que la vía democrática es siempre la mejor para resolver el conflicto político. En un caso, los gobiernos británico y escocés pactaron las condiciones del referéndum; en el otro, el gobierno del Canadá toleró los referéndums organizados por las instituciones de Quebec. Fueron soluciones pragmáticas que reconocieron la capacidad de decidir de quebequeses y escoceses, que permitieron un debate sobre los pros y los contras de una y otra opción, que proporcionaron a los ciudadanos criterios e información para decidir, y que fueron ganados por los partidarios de mantener el statu quo vigente con una nueva oferta para acomodar las realidades nacionales de Quebec y Escocia en sus respectivos Estados. Hubo sentido común, inteligencia política, vocación democrática y respeto a la pluralidad. ¿Cerraron de manera definitiva los referéndums las cuestiones escocesas  y quebequesa? No, claro. Las realidades nacionales son vivas y en la medida en la que existen, de manera inevitable, los Estados que son plurinacionales deben convivir con ello. La cuestión plurinacional nunca puede cerrarse definitivamente y el esfuerzo de intentar clausurar el conflicto es inútil, más si se niega la capacidad de decidir. La nostalgia de una España uninacional, que nunca ha existido, provoca algo más que melancolía.

La oferta del ‘president’ Puigdemont no es menor ni de puro trámite. Es, de nuevo, la reiteración de algunas ideas y conceptos que han determinado el carácter democrático y la vocación pactista de la sociedad catalana y su demanda de ejercer su derecho a decidir

La oferta de Puigdemont es seria y harían bien los partidos de ámbito estatal y las instituciones de Estado en atenderla. Proponer una alternativa a la independencia y al Estado propio, exigir una mayoría cualificada para garantizar el carácter políticamente vinculante de la consulta, plantear la obligación de una negociación derivada de los resultados, exigir una moratoria para un nuevo referéndum debería ser el programa español para afrontar la cuestión catalana… Y todo ello en el marco de una interpretación de la Constitución que puede reconocer el derecho al autogobierno de las nacionalidades históricas fundamentado en realidades polí- ticas previas a la propia Constitución y que contempla a esas mismas nacionalidades el derecho a decidir, en última instancia, sobre cuál es su nivel de autogobierno.

De hecho, el hoy rey (entonces príncipe) Felipe VI ya apuntó hace tiempo que Catalunya será aquello que quieran los catalanes. Pues eso. Demos una oportunidad a la democracia. No hay otra salida. Llevamos demasiado tiempo bloqueados. Toca ser audaces e imaginativos y abordar de raíz la cuestión de Catalunya que, en el fondo, no dejar ser la cuestión democrática de España.

Publicat originalment a El Siglo de Europa

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