LA POLÍTICA COMO RESPUESTA

El tiempo nuevo del que habla el presidente Sánchez exige, en definitiva, el retorno de la política como eje de la democracia, como respuesta al conflicto, como oportunidad para la solución

La moción de censura, con la consiguiente salida de Rajoy y del PP del Gobierno, ha cambiado el clima político. Parece que los talantes y las actitudes del nuevo Gobierno  son otros. Los gestos y las políticas anunciadas, también. Pero los problemas de fondo que explican el profundo desencuentro entre las instituciones de la Generalitat, la mayoría de la sociedad catalana y el Estado continúan siendo los mismos que hace unos meses. Por un lado, tenemos los procedimientos penales en marcha, con nueve personas inocentes todavía encarceladas y pendientes de juicio.

Si bien es cierto que el traslado a las prisiones catalanas del vicepresident Junqueras, de los miembros del Govern encarcelados y de los líderes sociales de Ómnium Cultural y la ANC es una buena noticia, esta mudanza no deja de ser un estricto cumplimiento de la ley y un mínimo respeto para sus familias. No responde a ningún acuerdo político. Se trata de que los presos estén cerca de sus familias, su entorno social y sus abogados. No hacerlo es un trato ilegal e inhumano. Pero la situación judicial continúa siendo grave. Se mantiene una prisión provisional injusta, unas imputaciones delictivas desaforadas y unas peticiones de penas de cárcel desproporcionadas. Y, además, el exilio del president Puigdemont, el resto del Govern y las exdiputadas Rovira y Gabriel, terminan de conformar una situación que la mayoría de los catalanes percibimos como espantosamente injusta. Sin libertad y retorno, aspirar a la normalidad política es de una ingenuidad infinita.

Y luego está la cuestión política principal, que no es otra que el reconocimiento del carácter de nación de Catalunya y el derecho de los catalanes a decidir su futuro. El 1 de octubre es una expresión concreta, cargada de radicalidad democrática y de coraje cívico, que nos obliga a todos los soberanistas y que debería interpelar a todos los demócratas españoles. Y el resultado electoral del 21 de diciembre avala esa aspiración democrática  de la sociedad catalana. El principio de realidad aconseja tener en cuenta esos hechos políticos fundamentales.  Ahí las discrepancias con el PSOE son más que evidentes. El PSOE apoyó la aplicación del artículo 155 de la Constitución, niega el derecho a decidir, combate el soberanismo y tiene una poderosa y mayoritaria alma jacobina. Tampoco sería realista que nos pongamos de acuerdo de entrada en aquello sobre lo que mantenemos posiciones tan distantes y confrontadas. De lo que se trata es de reconocer la cuestión política sobre la que discutimos y la discrepancia que mantenemos. Y a partir de ahí empezar a recorrer el camino para hallar la solución democrática que las sociedades catalana y española desean, sin imponer ninguna solución ni impedir la discusión de ninguna idea o propuesta.

El diálogo debe empezar este 9 de julio de 2018 con la reunión entre el presidente Sánchez y el president Torra; el diálogo no puede cerrarse en falso ni debe acabar en fracaso antes de iniciarse porque alguien veta una propuesta, impide una discusión, impone una solución. Eso no sería dialogo sin límites. Se necesita coraje y audacia, sentido democrático y sentido histórico, que es aquello exigible a los líderes con capacidad y voluntad de afrontar retos democráticos de la dimensión de las relaciones entre Catalunya y España. Y quizás el resultado más modesto es aquel que puede ser más transformador: se trata de continuar comprometidos en la voluntad de hablar de todo y de saber que después de este encuentro tendrán que venir otros. Y que en el camino a recorrer además tendrán que abordarse aquellas cuestiones que afectan al autogobierno de hoy y a la capacidad de ese autogobierno  de ser útil en la solución a los problemas de los ciudadanos y a los desafíos que tiene el país.

El tiempo nuevo del que habla el presidente Sánchez exige, en definitiva, el retorno de la política como eje de la democracia, como respuesta al conflicto, como oportunidad para la solución. Una solución a la negación de los derechos, a la  represión judicial y a la persecución política, que nunca debiera existir.

Publicat originalment a El Siglo de Europa

 

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