UNA NUEVA OPORTUNIDAD

En Catalunya, el resultado avala claramente dos ideas: el movimiento independentista en su conjunto goza de buena salud y de una fortaleza electoral evidente, y que los electores catalanes han premiado las apuestas pragmáticas que defienden el diálogo sin límites

Para quienes defendemos el progreso, una cierta idea de Europa y el diálogo político como instrumento principal para encauzar los conflictos, el resultado electoral del pasado domingo es una buena noticia. Sin lugar a dudas, la aritmética parlamentaria continúa siendo compleja y la gobernabilidad no va a ser fácil, las reformas pendientes exigen altura de miras y eso está por descubrir. La irrupción de Vox en las instituciones tiene el riesgo de incrementar el contagio extremista en el campo de la derecha y las distancias sobre cómo abordar la cuestión catalana continúan siendo abismales. Pero la noche del domingo 28 de abril, una gran mayoría respiramos con tranquilidad.

El riesgo de un gobierno de las tres derechas se desvaneció. La competencia feroz entre las tres propuestas derechistas autodestruyó las opciones que el PP tenía de ganar estas elecciones. La demagogia anticatalana no funcionó. Vamos a ver qué ocurre en los próximos meses en ese espacio, pero España necesita una derecha sosegada, democrática en valores y actitudes, que entienda que el diálogo sobre Catalunya es imprescindible. Una derecha abierta al pacto y al acuerdo, que no esté instalada en la retórica nacionalista. La derrota de las derechas es una oportunidad para refundar ese espacio en esas claves, aunque el riesgo de mantener la competencia en la radicalidad es alta; los incentivos de unos y otros a corto plazo van en dirección contraria.

El triunfo del PSOE es el resultado de la audacia de la estrategia de Pedro Sánchez. El PSOE construyó un relato político creíble basado en el miedo a la foto de Colón y la firmeza que se deriva del rechazo de los independentistas a los Presupuestos Generales del Estado. La centralidad, la moderación y el sentido del progreso quedarán en manos del PSOE. Y la opción tuvo premio. Ahora el reto del PSOE no será otro que no defraudar las expectativas. Iniciar el diálogo político con Catalunya desde la ambición y la audacia es el principal reto político del nuevo Gobierno. Y abordar las reformas que la economía y la sociedad necesitan en clave de mejora sustancial de la productividad, la competitividad y de reducción de las desigualdades y las inequidades son los objetivos de unas políticas que deberían buscar los apoyos más amplios posibles.

En Catalunya, el resultado avala claramente dos ideas: el movimiento independentista en su conjunto goza de buena salud y de una fortaleza electoral evidente, y que los electores catalanes han premiado las apuestas pragmáticas que defienden el diálogo sin límites. Catalunya, en cualquier caso, aspira al reconocimiento de su realidad nacional y reclama mayor poder político. Tanto aquellos que defienden la independencia como los que apuestan por la reforma constitucional coinciden en esa demanda de reconocimiento y poder. Ahí están, a mi entender, algunas de las claves a la salida democrática al conflicto. La cuestión catalana, en esencia, no es otra que esa, una sociedad distinta, nacional, en una realidad española que es en cualquier caso plurinacional; y una sociedad catalana que reclama poder para responder a sus retos económicos y sociales en base a sus intereses y preferencias.

Ciertamente, el independentismo catalán ha perdido influencia aritmética en las Cortes. La apuesta por tumbar los Presupuestos Generales del Estado ha demostrado ser errónea; no tuvo ningún sentido estratégico. El nuevo escenario parlamentario, por otro lado, hace inviable cualquier idea de bloqueo de la política española, y la capacidad de defender los intereses y las preferencias concretas de la sociedad catalana en la política española se ha hecho más difícil. Los diputados de ERC y de JxCat van a tener que esforzarse más en ser útiles y eficaces para con la sociedad catalana. No deberán inhibirse; deberán de implicarse a fondo. La participación activa en la política española del catalanismo, ahora en su expresión soberanista, sólo tiene sentido si es capaz de ocuparse de manera diligente de las demandas de la sociedad catalana.

Finalmente, a corto plazo, el conflicto va a continuar enconado. La arbitraria e injustificable decisión de la Junta Electoral Central de excluir al ‘president’ Puigdemont, a Toni Comín y a Clara Ponsatí de las listas para el Parlamento Europeo no sólo empequeñece la democracia española sino que continúa reforzando la tendencia al bloqueo en el conflicto. Y el mandato del 28-A es muy claro: diálogo sin límites y que sean los catalanes los que decidan el futuro político de Catalunya.

En cualquier caso, nos hemos dado todos una nueva oportunidad. Hay que aprovecharla.

Publicat originalment a El Siglo de Europa

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